Cuenta y cuenta cuentos

El sabor de la delicia nocturna

NO no no me levanté en la noche y ataqué la heladera!!!!! era de día... no ven la lunita ???
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Los derechos

El sabor de las delicias nocturnas

El sabor de las delicias nocturnas
-Piruuuuuu
mi cepillo tiene gusto a jabón!
-no se mamá
yo no lave la pared con tu cepillo...

-papi.. hacé que yo estoy ahí...
-¡¿?!
- la sapa!!!
El sapo y doña sapa...
-El sapo Pepe y Ayluna se fueron a pasear... Aylen de calzón corto y don sapo de bastón...

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Las noches...

Para Lautaro

que su rebeldía no tiene cura

(por suerte) y sin embargo todo lo siente

Las noches depende…

Sensible y feroz

capaz de torear un león,

tierno, para rendirse sin suerte.

¿Qué busca? ¿que encuentra?

parece saberlo sin pretensiones.

Un ojalá, un tal vez,

pero “nunca”

lo revela sin remedio.

Así

cuando descubre en la basura

las manos del pobre

“papá ¿por qué ese señor está en la basura?


… ¡Mi sentimiento

tengo que decirte del mundo

se pone de cabeza

a un paso y a otro

y sucede que muchos tengan hambre

y pocos sean unos hijos de…!

perdón… quizá hayas necesitado

más dulzura y menos crudeza,

pero naciste en una época

de retorno al sin retorno.

Cuantas cosas quiero darte,

cuantas explicarte,

pero no logro.

Noches buenas, noches…

hay noches sin remedio!


Papá

La noche ¡brrrrr!


Para Aylen,

que sus noches

transitan en el delicado

espacio que hace habitable

entre su cuerpo y el de su madre.

Un sol se tira al agua, en medio de la playa, redondo, enorme, y salpica el cielo de gotitas blancas. Mientras, los árboles se acomodan a su siesta nocturna, un poco doblados un poco soñando que siguen parados.

La noche se hizo oscura ¡si que no se ve nada!

-¡Dame un poco de blancura luna redonda! Que me muero de miedo… ¡ay! ¿Qué es eso que me toca por acá? Brrr que frio… ¡ahhh! Era una hojita que vuela con la brisa… ¡ay, ay, ay! Creo que mis pelos están de punta y mi corazón se puso blanco de pálido por el susto… Me voy a dar vuelta y hacerme un bollito, acá en la arenita que todavía está un poquito calentita de cuando el sol le daba fuerte y el día estaba lindo… si si, está tibiecita, me hace acordar a los brazos de mi mamá… ¡eso! Voy a pensar en cosas lindas mientras me viene un poquito el sueño, un poquito nada más, porque si me duermo y aparecen las sombras feas brrr ¡tirito de miedo! Ay, ay ¡ay! Que ojos feos y redondos, se acercan, corren, ¡me va a atrapar! ¡Ayyyyyyyyyyyy!

- ¡Soy yo Ayluna!

-¿¡Cachorro!? Cachorrito ¡viniste a buscarme!

-Si, miaussssi… peroooo…. Hay un problemita… chiquito, nada difícil

-¿Cuál problemita cachorrito? ¿estás con hambre y no tenés fuerzas para volver? ¿estás cansado y no querés caminar de vuelta? ¡no seas vago!

- No, nada de eso Ayluna….

-¿Entonces?

-Ehhhhh, ja, no esteeeee, ja, nada, nadita, ehhhh

-¡Cachorrito! ¡hablá de una vez!

- me metí en tu sueño y me perdí… ¿vos sabés donde estamos…?

¡paf! (Se golpeó la frente Ayluna cacheteándose con la mano)

-No, no, ¡¡¡¡no!!!!! Ahora estamos los dos perdidos…

- Ummm… miau, si, miausi rrrrrrr rrrrr rrrr

Cachorrito se fue acurrucando al lado de Ayluna y juntos se dieron calor. De vez en cuando se asustaban y juntos se despertaban sobresaltados ¡Ay Ay Ay! ¡Miiiáaauuuuu! No no, es una hormiguita ¡Fiu! No te asustes cachorrito… seguro que mami va a venir y nos va a llevar a dormir a la cama mía

- Miauuuu, rrrr miau (le dice cachorrito) A ver… allá, veo un poquito, una lucecita, ¿es una ola que brilla?

- Dormííí ¡!!!!!

Contesta Ayluna. Pero ella cierra un ojito y el otro lo deja abierto, diciendo muy despacito: “no quiero estar solitaaaaa”

El gatoperro


Para Ariel,

que sus naturales confusiones

son serios planteos.

Alejandro siempre tuvo problemas con los colores, lo blanco lo veía muy brillante y lo negro le parecía muy apagado.

Una vez, cuando salía de recorrido buscando a sus amigos, tuvo un serio altercado con el señor del bar de la esquina. Don Juan, que era muy ordenado, sacaba todos los días a la calle dos tarros repletos de comida. Uno, blanco, con sobras de pezcado y el otro, negro, con cantidades de restos de tallarines. Y nada le molestaba más a Don Juan que las confusiones:

- los gatos comen pescado del tarro blanco y los perros comen fideos con salsa del tarro negro! Decía muy seguro Porque sostenía que los gatos eran blancos y los perros eran negros, o al revés, ya no me acuerdo….!

Al pasar el gatoperro por la puerta de atrás del bar, vio a sus amigos y cuando se acercó se llevó la gran sorpresa: ¡todos estaban enterrados en el tarro negro hasta la cola blanca, con sus bigotes de gato llenos de salsa roja! Y cuando él quiso corregir el error, mostrándose a Don Juan todo correcto y ordenado, trepándose al tarro blanco para alcanzar los sabrosos pescados ¡paf! Lo alcanzó un escobazo que lo lanzó al medio de la calle.

Un poco aturdido y muy desorientado corrió hasta su casa y cuando vio a su madre le contó su gran descubrimiento

-¡mamá! ¡Don Juan no distingue los colores!

Y la madre le contestó, acostumbrada a estas confusiones de gatoperro

- Guau, GUAU…

Papá

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